Cuando el agobio, las cornisas,
las amarras sueltas sin cordaje,
cuando el eterno sinsabor, las amalgamas
y el henchido abdomen de la Nada Incertidumbre
crecen,
nos empequeñecemos,
desligamos de los nervios,
roemos huecos esternones,
mutilamos, destrozamos ferozmente
y nada.
La grada anímica vacía se parece
a la tristeza
en su blanca soledad marmórea.
Añoro los rayos de la aurora
cuando extiende la noche su pesado manto
y el Abismo nos observa desde el firmamento.
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