la noche aún estaba lejos
pero no había luz.
Las frutas, en vez de madurar,
se pudrían en sus plantas,
y el paisaje ensayaba poses
de un caos miserable.
Allí crecimos y dijimos 'basta'.
Y al fuego le dimos fuego
y al alba le dimos luz,
mas el escarnio
tomónos del cogote
y nos hizo esclavos,
y rendimos pleitecía,
y nos prosternamos.
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