miércoles, 28 de julio de 2010

Fin


Buscaré refugio en las horas muertas.
Hablaré con los cadáveres de ayer
en abismos renegridos,
desesperados vórtices de sangre
bajo el sol de los eneros,
exhaustos de tanto repetirse.
Me nutriré de pústulas,
cangrejos sospechables
y tumores.
Escribiré las telarañas más obtusas
en el festejo de la carne muerta,
en el anhelo demencial de la partida
y el regreso de los campos a los campos
del eterno estío,
si constituyo el ánima
capaz de eclipsar mi cuerpo.

CXV


¿Y qué importa?
Si todo es vano.
Si cada cosa existente
se humilla a sí misma,
si todo desciende
y se rebaja y cae
y sumérgese en el fango,
en las cloacas,
los salivaderos
y los vomitivos pilares
de la hipocresía.
Si el asco
nos saluda por la calle
y le damos la mano,
si hablamos pensamientos
trasvestidos y erigimos
la mueca de los dientes,
sonrisa cariada de vinilo
que hiede como niño muerto,
como nuestras almas:
ahogadas, corrompidas,
infectas por el miedo
a nuestra muerte,
al fracaso, al olvido,
a ser usadas
sin antes haber usado.
Y entonces gritan,
ahullan, braman,
desatan la furia,
el espanto,
el horror de sus fauces avarientas,
de sus brazos leprosos,
de sus piernas amputadas con gangrena,
sus barrigas hinchadas repletas de gusanos
que revientan sin pudor en nuestra cara,
salpicándonos los poros, las pupilas,
los pulmones, la lengua entumecida
por el hambre de las almas y los cuerpos.
Hambre de antiguas verdades olvidadas,
hambre de simpleza, de razón.
De librarnos del agobio
de esta vida inútil.

Por Todo


La misma incertidumbre del otoño:
la noche aún estaba lejos
pero no había luz.
Las frutas, en vez de madurar,
se pudrían en sus plantas,
y el paisaje ensayaba poses
de un caos miserable.
Allí crecimos y dijimos 'basta'.
Y al fuego le dimos fuego
y al alba le dimos luz,
mas el escarnio
tomónos del cogote
y nos hizo esclavos,
y rendimos pleitecía,
y nos prosternamos.

lunes, 26 de julio de 2010

Lluvia


No tienes dientes o luces que me acerquen. Me habitas. Eres el nexo sutil que envejece una taza de café y un recuerdo. Digo nexo porque no me atreví a decir ensueño.
Hay algo frágil en tu vidrio pausado que se rompe sin estruendo y sin aviso. No hace falta avisar lo inevitable cuando no se tiene tiempo de llorar o de decir adiós.
¿Podrá el océano jamás trepar a las ciudades? ¿desposarte en la nave de un templo vacío, mientras ángeles de yeso se descubren implorantes a la turbulencia lenta de las aguas?

El Ser


Salvo
de pestilencias urbanas,
de quejumbres
y tachos de basura.
Ratas
que apaciguan
al triste vómito
de años
y años de herrumbre.
Insalvables pústulas
que alcanzan el cerebro
y que infectan las ideas
con su grave
color amarillento
de hojas viejas,
de libros olvidados.

Encausados
al martirio de la vida
soportamos mil horrores
creyendo que son muerte,
¡y son la vida!
Manifiesta, inoportuna,
impúdica, insolente...
Con qué resignación
nos arrastramos entre barro
y soportamos al vecino
y dividimos el lingote
en treinta partes,
la sangre
trocada por metal,
el yugo
expuesto en la piel
y los años contados
con el reloj de los huesos.

Solitarios
en un pedruzco olvidado,
y arrogantes e imbéciles...
ya se han extinto
antes de nacer.
Ya prefieren sobras
aún infectas,
y a nadie asombran
los gusanos.
El auspicioso hambre
empuja nuestras almas
a humillarse
y a pesar de esto
es aplaudido por miles
y bufado
por millones.

Lascivos
parásitos de tierra
henchidos por la greda,
que desprenden abismos
de sus poros abiertos,
y escupen
un sudor coagulado
en cada hora
de cada día,
renovando una acritud impune,
un aroma rancio
sepulto en lo profundo
de la vergüenza,
oculto
en los arcones
de la ignorancia
desnuda
y expuesta.

Amorfos
residuos de insensatez
se columpian delirantes
cual espada de Damocles,
como estúpidos diablitos,
penetrándonos el craneo
y exhudando mil argucias
que amedrentan el valor.
Cuán faltos de verdades
llegamos hasta aquí,
cuán exhaustos
de tanto andar.
Demasiado tiempo
albergan nuestras almas
para creer que aún soportan,
incólumes.

Infinitos
pero recreables
al capricho natural
de la necesidad,
de la inaudita disciplina
que brota del fango
y nos observa indefensos,
como peces en la tierra,
retorciendo nuestros vientres
y sufriendo.
Nos empuja al desatino
con solemnes bramidos,
y tritura la esperanza
de ser libres,
olvidando apartarnos
de pestilencias urbanas,
de quejumbres,
de insalvables pústulas.

Renuncia


Parecía un vaciadero de saliva, y acaso ejercía sobre cada uno de nosotros el mismo sentimiento: asco. Por el hedor que desprendían los cuerpos aglomerados, por el vecino inmediato, por la rigidez del esqueleto, por el bello pero inalcanzable firmamento, por la madre que nos parió y por nuestra hipocresía cotidiana. Por los seres etéreos, por los seres etílicos, los carbones, las cenizas y el humo. Por el cáncer de los hombres, por los hombres de cáncer, por la carne (en cualquiera de sus manifestaciones), por el hígado en llamas, la caspa, los piojos, el pie de atleta, la sarna, la gangrena, la caries, la hidropesía y el paludismo. Por los huesos rotos, las costillas bien saladas, la sordera y la ceguera. Por la fragilidad de nuestro cuerpo expuesto y amputado, el fantasma de un muñón bajo una mano de plástico. Por las uñas rotas (pero uñas al fin), por la médula, la sangre, los tendones, los desgarros, los vermes que aloja el intestino, por el hambre, el sueño y el dolor y la angustia y el cansancio.
Y es por eso que renunciamos a la humanidad, y nos disgregamos y confundimos con nuestra propia saliva en un meadero mucho más vasto que el anterior.

Sentencia


Tu eres débil,
como todos los mortales.
Entonces,
serás presa de la fascinación.
Y actuarás de la forma
más estúpida
creyendo ser feliz.
Y serás un ser humano
estúpido y feliz.

Pero,
como todos los mortales,
eres débil.
Entonces
serás presa de la ira.
Y, furioso,
echarás a perder
todo cuanto lograste
por años.

Eres tan débil
que eres presa
de ti mismo.
Y no niegues ahora
que no eres capaz
de enfrentarte,
ni siquiera,
con tu propia
estupidez.

Presagio


A tu muerte
diferentes personas sentirán:
una pérdida irremediable,
un gran dolor,
congoja,
pena,
lástima,
perplejidad,
asombro,
sorpresa,
nada,
alivio,
placer,
bienestar,
euforia
y felicidad.

Movimiento Autoapocalíptico


Si lastimar
ofender
enfurecer
maltratar
decepcionar
o castigar
no es lo que deseas,
entonces
reclúyete
en tu cueva
solitario,
y muere.

viernes, 2 de julio de 2010

Allí


Lejos del ruido,
sin el menor vínculo
con la kermesse,
en medio de la nada,
en el centro de todo,
de blanco, de negro,
en soledad-acompañada,
con la luz intacta
de tu alma:
yo te prefiero.

Y lejos, muy lejos,
tu angélica estampa
y tus alas divinas
evaden mi fuego,
Mariposa.

Y si no eras tú la musa
que inspiraba mi poesía,
y si tú no eras el astro
que alumbraba mi camino,
dulce criatura, entonces,
me he perdido entre la magia
de tu alma.

LXXIII


Siempre los hay.
Fantasmas de miedo y soledad
que nos abisman, certeros,
en la bruma oculta del pasado.
Bien se manifiestan
bajo el sol del mediodía,
y burlescos ejecutan danzas
opacas o brillantes
mientras rien y acarician
nuestra espalda
con seglar escalofrío
de noches y noches
ventosas y arrasadas...

Metasueños de vigilia son,
y gritan de perpetuo
mis horrores.

CXXIX


Creía en el viento,
los ensueños, los caminos...
Creía en el asombro,
en el encanto, la amistad
y la belleza...
Creía en lo perpetuo,
las amarras, la poesía.

Ya no creo en nada.

Construcciones


Emprenderé las construcciones,
las amorfas lágrimas del alma.
Derramaré sustancias, caracoles,
trémulos vórtices de asco evocarán
el sepulcro de la aurora.
Luego llegará el ocaso...
Vestirá su costumbrosa nada,
su pesada ropa del olvido,
su atroz final ineludible.

El Albur


Me aturdieron los sonidos,
me confundió la ausencia...
me sorprendió la nada en pleno vuelo
sobre el abismo de mi desesperación:
mi sueño se perdía,
se alejaba de mi alma.
Y absorto yo,
le contemplaba diluirse
en el fango de mi pecho,
hasta ver aparecer la incertidumbre.

Paisaje Anímico


Éstos son mis abismos.
La hoquedad de las horas,
la inexpresable tristeza
que aflora a mi pecho,
por dentro y se columpia
en las arterias, y me
oprime el esternón.
La huera sensación de soledad
en las quimeras,
la nada caprichosa,
la desintegración amorfa
de la vida, el espanto
que precede un dolor inmediato,
la angustia del después,
el vacío, el adiós,
el incierto 'hasta pronto',
la mentira, el caduco bienestar.
El alma mutilada por el tiempo,
las dudas, las palabras,
las ausencias, los reproches...
que vienen y van,
pendulando y mutilando
cada vez, y cada vez...
La monótona costumbre abrumadora
que monta a diario un falso
imaginario de belleza,
un circo de telarañas,
un grotesco y enfermo estadio
que bulle de sombras,
que repugna,
que enaltece lo infecto,
que hiede como la muerte,
que asfixia los momentos,
que aplasta las intenciones
y despedaza la voluntad...

Me pierdo en los abismos
y construyo en los abismos el camino,
sin procuro de la suerte,
sin reparo en las cornisas,
sin amarras,
y sin saber por qué.

Entremuerte


Sufro la nostalgia
de un tiempo que jamás existió,
y no ha vuelto a nacer una sonrisa de mi pecho...
He lamido mis heridas,
pero tan profundas resultaron
que hoy sólo pienso lamentos.
Tal el abismo que creció sobre mi alma:
certero y frío.


Efecto de la Ausencia


¿y qué era antes del abismo?
Las almas, una contra otra;
la comunión de la amistad,
el abrigo de sabernos presentes,
el abrigo...
Pero aquellas imágenes añejas,
hoy, aquí, son dolor:
evocaciones que se empañan
con el llanto más amargo.
Anhelo ese pasado,
y las horas se detienen
caprichosas,
a observar la derrota de mi alma.


Sollozo


Cuando el agobio, las cornisas,
las amarras sueltas sin cordaje,
cuando el eterno sinsabor, las amalgamas
y el henchido abdomen de la Nada Incertidumbre
crecen,
nos empequeñecemos,
desligamos de los nervios,
roemos huecos esternones,
mutilamos, destrozamos ferozmente
y nada.
La grada anímica vacía se parece
a la tristeza
en su blanca soledad marmórea.

Añoro los rayos de la aurora
cuando extiende la noche su pesado manto
y el Abismo nos observa desde el firmamento.


En


Un pequeño milagro, que traiga
de su mano tu presencia;
que me limpie de la angustia
de las horas ocurridas,
que me excuse de buscar
el abrigo entre tu alma,
bella Mariposa de mis años tristes,
musa de mi sangre trasnochada...

Tu fuego de carmín, hace tiempo,
inundó mi alma con cenizas dolorosas.


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