Eran algunas
de ninguna cosa.
De caucho, de madera.
Otras, en cambio,
no eran.
Eran
-las que estaban-
algunas, serenas.
A veces ( las menos )
eran turbulentas.
Eran errantes
-¿cómo evitarlo?-
en la calma huera.
Eran las amarras
nuestras almas presas.
21.08.97
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