Y es aquí, finalmente,
donde toda renuncia cede
ante lo inevitable;
aquí donde se extingue el fuego.
Donde abrumados instantes
de ocre temblorosos
se saludan, simplemente,
hasta morir entre las venas
de la palma de tu mano,
lágrima del alba
de todas mis infancias.
donde toda renuncia cede
ante lo inevitable;
aquí donde se extingue el fuego.
Donde abrumados instantes
de ocre temblorosos
se saludan, simplemente,
hasta morir entre las venas
de la palma de tu mano,
lágrima del alba
de todas mis infancias.
19/07/2000
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