Ámbar,
y litúrgicos gemidos seculares
que resuenan sin pernicie
en las cavernas de mi pecho,
ya desierto,
ya olvidado
y gris.
Son monotonías
que vislumbran lo inefable,
la crisis temprana del miedo
al inquirir por la nada,
que se abre paso
entre mis nervios
destrozados.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario